«Los nuevos residentes rurales en las áreas de economía agroindustrial» María Jesús Izquierda y Beatriz Izquierdo, en Anuario UPA 2017

Agronews Castilla y León

23 de agosto de 2017

En un primer apartado nos detendremos en las que han sido dos de las principales transformaciones del medio rural en el último siglo: la diversificación de los escenarios rurales y la llegada de nuevos residentes a dichas localidades. En un segundo apartado se presentarán los principales hallazgos que emergen del discurso de los nuevos residentes entrevistados en la comarca fresera de Huelva.

Transformación y diversificación de los territorios rurales

Como hemos mencionado, durante el pasado siglo XX los territorios rurales han experimentado una profunda transformación que, si bien responde a diversos factores, tiene dos elementos claramente identificables: el proceso de “desagrarización” y “descampesinización” del medio rural y la llegada de nuevos residentes a determinados territorios rurales.

Respecto a la primera transformación, hay que mencionar que la distinta respuesta de los territorios rurales a ese proceso de cambio da paso a una diversidad de territorios rurales. De ellos cabe destacar tres modelos de desarrollo rural en los que la vinculación de la agricultura con las zonas rurales difiere de forma significativa, tanto en relación a su peso en la actividad económica como a su papel como eje estructurador de la vida rural.

A grandes rasgos, estos tres modelos o formas de entender y organizar el desarrollo de los territorios rurales responderían a tres lógicas y puntos de partida diferentes:

  • Una lógica posproductiva, en la que predomina una ruralidad de consumo y cuya vida rural se escenifica en torno a una producción de “significados” más que de “bienes productivos”. Un escenario en el que aparecen zonas rurales en constante proceso de desagrarización, que ha ido en la mayoría de los casos acompañado de una drástica reducción de personas vinculadas a la agricultura como actividad principal (descampesinización).
  • Una lógica que podemos denominar residual o marginal, que se ubica en espacios intersticiales cercanos a las ciudades, convirtiéndose en terreno residencial de estas o adquiriendo un carácter rururbano, localizándose el mercado de trabajo de los nuevos residentes mayoritariamente en las urbes cercanas.
  • Una lógica hiperproductiva, que se caracteriza por tratarse de un espacio en el que la agroindustria se configura como un importante eje vertebrador de las economías locales y regionales, ocupando a gran parte de la población activa de la región. El progresivo fortalecimiento de este tipo de industria favorece una demanda de mano de obra (poco cualificada) para trabajar en las explotaciones agrícolas, convirtiendo estas localidades en escenario de la progresiva acogida de personas migrantes que llegan en busca de empleo, muchas de las cuales vienen de países extranjeros y con carácter estacional.

A partir de esta caracterización, nuestra investigación identificaba tres territorios representativos de cada una de las lógicas descritas. El primero de ellos se localizaba en la zona de la Sierra de Francia, provincia de Salamanca, un territorio que atiende, a priori, a la caracterización típica de una ruralidad remota deprimida, con una población envejecida, masculinizada, en continua pérdida de población y con una actividad agrícola-ganadera en claro declive. En segundo lugar se seleccionó como zona de estudio el área metropolitana de Pamplona como escenario representativo de una ruralidad intersticial y caracterizado por un sustancial incremento de la población a lo largo de la última década. Finalmente, con la intención de observar un territorio marcado claramente por una lógica hiperproductiva, la investigación se centró en la comarca fresera de Huelva, dada la competitividad y relevancia de su sector agroindustrial y su capacidad de atracción de personas en búsqueda de empleo.

Respecto al segundo aspecto que, entendemos, incide en la transformación experimentada en el medio rural a lo largo del pasado siglo, esto es, la creciente llegada de nuevos residentes a zonas rurales, hay que mencionar que se trata de una tendencia residencial que viene siendo observada en un número crecientes de países (Fielding, 1982; Cloke, 1985; Halfacree, 2008, 2012).

En el caso español, esta tendencia se detecta ya de modo incipiente en la década de 1980 (Camarero, 1993) y se va profundizando en los años posteriores. La llegada de nuevos residentes supone en muchos casos un vector de cambio que introduce nuevas relaciones de fuerza e intereses, la aparición de nuevas actividades económicas y servicios, la incorporación de nuevos criterios en la planificación y la ordenación del lugar,… Es por ello que el asentamiento de nuevos residentes rurales, más allá de representar estadísticamente un aumento de la población, puede en muchos casos ir configurando poco a poco el lugar de destino, influyendo no solo en su presente, sino también en las posibilidades de futuro que se abran. Así, los territorios rurales, independientemente de la lógica que los sustente, se convierten para los nuevos residentes en escenarios de vida a partir de los cuales proyectarse y construir (o no) comunidad.

A pesar de la diversidad que subyace a esta tendencia residencial urbano-rural, los estudios han dirigido su atención mayoritariamente a aquellas migraciones ciudad-campo protagonizadas por clases medias profesionales en busca de una mayor calidad de vida y retiro, por personas deseosas de cambiar un estilo de vida ligado a la ciudad por uno ligado a la naturaleza, o por personas de menor poder adquisitivo que son expulsadas de la ciudad hacia una periferia cada vez más extensa. Lo que tienen en común la mayoría de estos estudios es que se fijan en localidades de destino pertenecientes a territorios rurales cuyo desarrollo se enmarca en una lógica posproductiva o marginal.

Por el contrario, la incorporación de nuevos residentes en territorios que responden a una lógica hiperproductiva ha sido comparativamente menos estudiada. Por eso nos hemos centrado aquí en el caso de los nuevos residentes en una zona marcada por este tipo de lógica.

El caso de la comarca fresera de Huelva

El sistema productivo de la comarca fresera de Huelva se caracteriza por representar un modelo de producción agroindustrial moderno, intensivo y altamente competitivo, tanto en el mercado nacional como en el internacional, y que supone un importante motor económico de la zona. Un modelo que, por ende, necesita de un volumen importante de mano de obra no cualificada que se traduce en la llegada de nuevos residentes con un perfil muy determinado por el tipo de oferta laboral existente.

No obstante, esta comarca tiene la particularidad de su cercanía a parajes de alto valor ambiental y paisajístico como, por ejemplo, Doñana o determinadas zonas del litoral. Esta particularidad, junto con la accesibilidad a la capital onubense y el acceso a una importante red viaria, así como la mejora de servicios e infraestructuras, está facilitando la llegada de una tipología radicalmente diferente de nuevos residentes en busca de una mayor calidad de vida.

De temporeros agrícolas a residentes permanentes

Si atendemos al primer caso, esto es, a los nuevos residentes llegados a la zona por motivos esencialmente laborales, los datos censales nos permiten observar de manera contundente el progresivo asentamiento permanente de población de origen extranjero. En su mayoría conocedores del lugar tras varios años trabajando como temporeros en la zona, esta población migrante decide en un momento determinado asentarse de modo permanente en el lugar.

El género, el país de procedencia y el momento de llegada son variables que sirven para caracterizar a este nuevo residente y su discurso en el análisis de las entrevistas; un perfil que ha ido variando según la situación sociolaboral de sus países de origen y de la demanda de los propios empresarios agrícolas. Así, el temporero masculinizado y de origen magrebí de la década de 1980 dejó paso en los años siguientes a la progresiva demanda de mano de obra femenina procedente de países del Este, sobre todo Polonia y Rumanía (Gualda, 2012).

En los últimos años, la migración latinoamericana, mayoritaria en muchas áreas españolas, se ha asentado también en la zona, uniéndose así al mosaico poblacional heterogéneo de migrantes que, si bien llegaron en un primer momento con carácter temporal, deciden al cabo de los años asentarse permanentemente en el lugar. En algunos casos, trayendo a su familia y, en otros, iniciando un proyecto familiar.

Los motivos que les llevan a embarcarse en un asentamiento permanente en el lugar pasan, evidentemente, por una mayor estabilidad laboral y unas expectativas de empleo y condiciones de trabajo más favorables que en sus países de origen. Muchas veces, esta mejoría laboral se produce en el propio ámbito de la actividad agroindustrial accediendo a puestos no estacionales o a una alternancia de puestos diferentes en la propia empresa. Otras veces, el conocimiento del lugar les ha permitido pasar de trabajos agrícolas estacionales y bajo duras condiciones a trabajos en otros sectores, especialmente aquellos vinculados con los servicios, los cuidados a personas y la actividad turística. No obstante, esta mayor estabilidad la consiguen tras años de temporalidad en la agricultura y parece también estar, hasta cierto punto, relacionada con el lugar de procedencia.

Junto a una mayor estabilidad percibida, el paso de residente temporal a permanente requiere de otras estrategias de adaptación e integración. Como se constata en las entrevistas, el proyecto familiar representa también un factor clave a la hora de comprender el nuevo proyecto vital a largo plazo. En unos casos, porque la mejoría laboral y la valoración del lugar permiten organizar el reagrupamiento familiar de aquellos miembros que quedaban en el país de origen. En otros, porque se inician o fortalecen relaciones sentimentales con personas del lugar o con otros nuevos residentes en situaciones similares.

El conocimiento del idioma se convierte, asimismo, en un elemento importante de integración, facilitando las relaciones sociales y de amistad de los nuevos residentes con la población autóctona. En este sentido, a nivel relacional afirman sentirse integrados en la localidad, en especial aquellos con hijos en edad escolar, adaptándose a la vida cotidiana y sociocultural que configura la nueva sociedad de acogida. Es este un discurso que aparece de manera mucho más nítida entre los entrevistados procedentes de países de Europa del Este, para los que las diferencias culturales son menos perceptibles.

A la hora de valorar la apuesta vital que realizaron en su día, optando por instalarse de modo permanente en el lugar, las entrevistas realizadas sugieren que dicha valoración es, de manera generalizada, positiva. Junto a la mejoría de la situación laboral obtenida pasado el tiempo, los nuevos residentes entrevistados valoran como positivas la dotación de infraestructuras y servicios del lugar, así como las buenas conexiones con Huelva capital o entre las localidades cercanas. A su vez, se aportan argumentos que demuestran el éxito del proyecto migratorio ligado tanto a la adquisición de elementos materiales (acceso a la vivienda y coche en propiedad) como a otros vinculados a la mejora significativa de las condiciones de vida (acceso a una buena educación para sus hijos, buenos servicios sanitarios etc.). Así, estos elementos se convierten en importantes aspectos que vienen a sostener su proyecto de asentamiento en el territorio a más largo plazo. De ellos dependerá, en gran medida, el éxito o fracaso de su proyecto vital en el lugar, su permanencia definitiva o su partida en un futuro más o menos lejano.

El estilo de vida como nueva residencia

Junto a los nuevos residentes que provienen de los trabajadores temporeros agrícolas, la investigación identifica a otro perfil de nuevo residente que ha decidido fijar su residencia en la zona en los últimos años y cuyos motivos para asentarse en la zona difieren sustancialmente del anterior colectivo. Como adelantábamos al inicio, se trata de personas cuyo principal motivo ha sido la búsqueda de una mayor calidad de vida que relacionan con la posibilidad de residir en un entorno tranquilo y con un atractivo ligado al paisaje y el disfrute de la naturaleza (playa y sol en este caso).

Este nuevo residente es más heterogéneo que el anterior, incorporando migraciones de retiro, profesionales de clase media-alta que se desplazan a diario a la ciudad para continuar con su jornada laboral, nuevos residentes que deciden romper con su vida anterior y optan por buscar nuevos territorios en los que establecer su nueva vida personal y laboral…

Frente al perfil anterior (temporero agrícola que decide quedarse en la zona), los nuevos residentes motivados por la consecución de su estilo de vida anhelado, si bien pueden conocer el lugar, no han pasado varios años residiendo de modo temporal en la nueva localidad. Eso se traduce también en el grado en que establecen sus relaciones con la población local; en líneas generales, establecen escaso contacto con la población del lugar en el que residen, y cuando lo hacen es preferentemente con otros nuevos residentes de su mismo perfil, con quienes comparten actividades deportivas, tiempo de ocio… Este perfil responde en cierta medida a un modelo en el que predomina un uso residencial y recreativo del espacio, por lo que los vínculos con la comunidad local son con frecuencia muy escasos.

Es destacable, en este sentido, que, en los relatos de estos nuevos residentes, la mención a la población autóctona o no aparece o lo hace de manera muy escasa y tangencial. No obstante, cuando lo hace, ofrecen una visión un tanto contradictoria sobre la población local, aportando una percepción que se teje más bien en la distancia. Aunque reconocen y valoran su carácter cercano y sociable, en algunos casos se expresan opiniones marcadamente negativas, en las que se contrapone la forma de ser diferencial entre “ellos” y “nosotros”. Por ejemplo, se les considera más cerrados de mentalidad, con una menor disposición a la relación, o menos emprendedores y más acomodados, estableciéndose una distancia emocional y una distinción entre ambos colectivos que, si bien no impide la relación y la colaboración con la misma, cabe suponer que la hace más improbable, difícil e insatisfactoria. Es destacable también la escasa o nula visibilidad que tienen en el discurso de estos nuevos residentes, los residentes de carácter laboral a los que nos referíamos antes.

En relación a la valoración de la nueva residencia, aunque aprecian las infraestructuras y servicios que les permiten vivir en el entorno deseado, pero sin perder la calidad de vida que ofrece una urbe muy cercana en la distancia, ofrecen una imagen un tanto negativa de las instituciones locales, considerándolas un tanto anticuadas e insertas en un ritmo (demasiado pausado) que dista mucho del que estaban acostumbrados en su anterior entorno de residencia.

No obstante, se trata en general de un colectivo cuya decisión de asentarse en la zona se valora de forma muy positiva; han logrado instalarse en un lugar que reúne las características que anhelaban desde hacía mucho tiempo, un espacio con comodidades que les permite, en algunos casos, continuar con su actividad laboral anterior y, en otros casos, y según su motivación, emprender un nuevo proyecto de vida que abarca aspectos personales, sociales y laborales. Su mantenimiento en este territorio a largo plazo dependerá de que estas condiciones no se modifiquen. En el momento en que dichas condiciones varíen, este perfil de nuevo residente saldrá, probablemente, del lugar.

Conclusiones

En definitiva, los relatos de los “nuevos residentes” reflejan un espacio diverso desde una perspectiva demográfica y, sobre todo, sociocultural, en el que se entretejen valores, costumbres y modos de vida muy diferentes (a veces, enfrentados), configurando una realidad heterogénea y un tanto compleja, característica de una nueva ruralidad posmoderna (Camarero et al., 2013). A esta diversidad, que a menudo puede conllevar importantes conflictos larvados de intereses, hay que añadir la escasa interacción entre la población local y los nuevos residentes, por un lado, y entre los distintos perfiles de nuevos residentes, por otro, que se entrevé a partir de las entrevistas realizadas.

Se dibuja un territorio en el que, a modo de collage, los distintos colectivos que residen en él se superponen estableciendo convivencias paralelas, pero sin que de ellas se derive necesariamente una vinculación personal más allá de la fortuita y casual. Por el contrario, el desinterés y falta de reconocimiento mutuo puede dificultar el establecimiento de intereses compartidos y, a medio y largo plazo, un territorio con mayores desequilibrios.

Bajo la lógica hiperproductiva de la agroindustria, esta se constituye como el principal dinamizador económico del territorio. No obstante, los territorios agroindustriales no representan exclusivamente una dimensión económica, sino que deben ser considerados como escenarios de vida en los que sus distintos residentes, tanto los temporales como, especialmente, los permanentes, proyectan sus aspiraciones y sus expectativas de futuro. A la creación de dichos escenarios contribuyen tanto la población local como los nuevos residentes, ya sean estos laborales o perseguidores de un estilo de vida ligado a la naturaleza, al paisaje y a la tranquilidad.

La heterogeneidad existente de residentes en este territorio hace que las necesidades y problemáticas también sean dispares y, a veces, irreconciliables. Es por ello que la creación de espacios y momentos que faciliten el reconocimiento mutuo, el conocimiento de las necesidades del “otro” y la identificación de intereses comunes pueden contribuir positivamente a la construcción de un territorio más integrado. No solo en lo económico, sino también en lo social.

Autoras
María Jesús Rivera, Universidad del País Vasco (UPV/EHU); Beatriz Izquierdo, Universidad de Burgos; Jorge Ruiz, IESA-CSIC

Notas

1 Este artículo se basa en datos obtenidos en el marco de la investigación “Estudio comparado del impacto de los nuevos pobladores en los distintos escenarios de ruralidad: actores, prácticas y discursos”. Investigación financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad a través del subprograma Proyectos de Investigación Fundamental no Orientada (CSO2011-27981).

2 Tras un análisis censal que nos permitió caracterizar a nivel sociodemográfico los principales perfiles de nuevos residentes en la zona de estudio, se procedió a la realización de una serie de entrevistas en profundidad a los distintos perfiles de nuevos residentes en función de sus características en cuanto a la motivación de la elección de residencia, la procedencia, la edad, el sexo, el tiempo de residencia en la zona y la relación con la actividad económica. La muestra total para el escenario de Huelva constó de 23 entrevistas, equilibradas en función del sexo y con una edad media de 43 años. La mayoría de las personas entrevistadas llevaba entre tres y diez años residiendo en la zona de modo permanente.

3 Si bien hacemos referencia a la comarca “fresera” de Huelva, no se puede olvidar que se ha producido una diversificación de la producción (cítricos, frutos rojos…), pero respondiendo en cualquier caso al mismo modelo productivo.

4 Hay que recordar que, mayoritariamente, las personas entrevistadas llevaban residiendo con carácter permanente en la localidad entre tres y diez años, años a los que hay que sumar aquellos anteriores en los que vivieron temporadas de más o menos duración en el lugar. El discurso analizado sobre su capacidad de adaptación e integración hace referencia, por tanto, a un momento vital en el que ya han establecido vínculos permanentes con el lugar.

5 Las posibilidades laborales de aquellos nuevos residentes en edad activa son también tenidas en cuenta a la hora de elaborar la decisión de establecerse en el lugar. La diferencia con el colectivo anterior es que, además de no acceder al mercado laboral a través de la agricultura, buscan su oportunidad laboral en un entorno que les permita disfrutar del estilo de vida que persiguen.

Referencias bibliográficas

CAMARERO, L. A. (1993). Del éxodo rural y del éxodo urbano. Ocaso y renacimiento de los asentamientos rurales en España, Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

CAMARERO, L.A.; R. SAMPEDRO y J. OLIVA (2013), “Trayectorias ocupacionales y residenciales de los inmigrantes extranjeros en las áreas rurales españolas”, Sociología del Trabajo, nueva época, nº 77, pp. 69-91.

CLOKE, P. (1985), “Counterurbanization: a Rural Perspective”, Geography, vol. 70 (1), pp. 13-29.

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HALFACREE, K. (2008), “To revitalise counterurbanisation research? Recognising an international and fuller picture”, Population, Space and Place, vol. 14 (6), pp. 479-495.

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