
Dos ríos abrazan la capital leonesa, el Bernesga y el Torío, que nacen en la montaña de León y se unen en la parte sur de la ciudad para continuar hacia el Esla manteniendo solo el nombre del primero. Aunque hace décadas en el río Torío se proyectó un embalse, finalmente nunca se construyó porque no pasó la declaración de impacto ambiental, por tanto, los regantes utilizan el agua que discurre por su curso y que, en años de sequía como el actual, se ve reducida. La CHD ha declarado al sistema Bernesga Torío en situación de preemergencia y ha anunciado que se realizarán turnos de riego semanales.
Los regadíos del Torío nada tienen que ver con otros de la provincia de León como los Payuelos o el Páramo, en esta zona se

sigue regando como se hacía hace siglos, de hecho, hay comunidades de regantes que tienen más de 500 años. Es, incluso, complicado saber cuántas hectáreas componen la cuenca y cuántos regantes utilizan el agua porque cada pueblo tiene una comunidad de regantes, o a veces dos, y las tierras son tan pequeñas que no se utiliza la hectárea, sino la hemina (628 metros cuadrados) y los varales. Pero estos riegos ancestrales lejos de ser un problema se plantean como una solución en la lucha contra el cambio climático por la absorción de CO2 de las riberas. Según Carlos Prieto, presidente de la Asociación Consejo de la Cuenca del Río Torío, que engloba a 15 comunidades de regantes y usuarios con derecho al aprovechamiento de las aguas del río Torio pertenecientes a cerca de 40 localidades de los municipios de Villaquilambre, Garrafe de Torío, Matallama, Vegacervera y Cármenes, “mantener el riego nos permite afrontar el reto ecológico y el reto de la despoblación. El agua como fuente de riqueza, pero controlándola y cuidándola como se debe”. Para ello ha firmado recientemente un convenio marco con la Universidad de León para “tener un intercambio de datos y mejorar los riegos tradicionales que estamos intentando mantener, para que la ribera continúe como la hemos heredado y entender que esta manera de regar lejos de ser un problema, es una solución para afrontar el reto ecológico y el reto de la despoblación”.
Los usuarios del agua son, principalmente, ganaderos que la utilizan para la producción de forrajes, riegan a manta, por canales, y ahora con el convenio con la Universidad buscan utilizar las nuevas tecnologías y el bigdata para “saber exactamente cuánta agua necesitamos, cómo se riegan las praderas, y que, con satélites nos digan el agua que necesitan, si tienen demasiada o poca. En definitiva, se trata de regular el grifo”. Otro de los grandes problemas, añade, es que no ha habido concentración parcelaria y las fincas son muy pequeñas, además, no se conoce bien “el censo de regantes y hay muchas fincas están abandonadas”, por ello, uno de los objetivos de la asociación es crear un banco de tierras para “ampliar determinadas zonas y mejorar el aprovechamiento”.
En cuanto al anuncio de restricciones de la CHD cree que si se restringe el riego, habrá menos producción, pero matiza que aún es “temprano”, puesto que esperan que vengan lluvias en abril y mayo y mejore la situación, porque “el río no está regulado y si hay sequía va a afectar más que a otras zonas que tengan reservas”.
Presa del Bernesga, ocho siglos de historia
La Presa del Bernesga tiene 39 kilómetros de longitud y 800 años de antigüedad, el año pasado ya sufrió restricciones desde el mes de julio y este año la CHD también ha anunciado que deberán hacer turnos en el riego semanales. En total tiene una superficie de 800 hectáreas.

Según explica la presidenta de la comunidad de regantes de la Presa del Bernesga, Basi Gutiérrez, habitualmente el agua discurre sin problemas hasta León capital, pero de ahí para abajo “cuesta que llegue”.
En esta cuenca se cultivan praderas y pastos hasta León, en los municipios de Sariegos y San Andrés del Rabanedo y en la parte baja, en los municipios de Onzonilla y Vega de Infanzones, sobre todo, huertas que riegan de pozo, “pero si no discurre agua por la presa, no se llenan”.
Se trata de un cauce en mal estado, las crecidas de 2019 y 2020 provocaron roturas en la presa que ya están arregladas y ahora las obras se centran en lo que denominan ‘cubillos’, que son las salidas del agua desde la presa hacia los regueros.
Al igual que en el Torío, las fincas son también de pequeño tamaño y los regantes no piensan ni quieren una modernización como la que hay al sur de la provincia, porque trabajan para cuidar la “zona verde” que discurre a lo largo de la presa y que se “perdería si se canaliza”. De hecho, uno de los objetivos a corto plazo es hacer una senda paseable y que la presa también tenga un fin turístico.





