
No es una raro decir que vivimos en una época en la que parece que está de moda irse al campo o, al menos, tener un pueblo en el que estar más allá del mes de fiestas. Ésta es una época en la que tras los últimos años de crisis y la falta de oportunidades laborales, muchas familias han decidido ir -o volver- al medio rural en el que muchos se han criado, para desarrollar esas actividades del sector primario que “alguien tiene que hacer”. Esa vida que parece que de contínuo resulta extraña en una gran ciudad.
Las líneas anteriores han sonado a tópico, a estereotipo, a esas etiquetas y barreras como las que se tienen que encontrar a diario aquellas personas que trabajan en el sector agrario o ganadero en todo el país. Y más aún si son mujeres. Por ello, la Federación de Empresarias Directivas de Asturias junto a la Asociación de Mujeres del Mundo Rural de Cantabria (CERES) y COAG Castilla y León han decidido llevar a cabo un proyecto en el que se da voz e imagen a las mujeres que sacan adelante sus explotaciones y así incentivar y fomentar el empleo femenino en el mundo rural.
Este proyecto denominado Co-RSE se ha desarrollado a través de varias entrevistas a 36 mujeres en Cantabria, Asturias y Castilla y León y llegar así a averiguar cuáles son las principales zancadillas que se encuentran cuando deciden llevar a cabo su proyecto en un pueblo: “Nos ha llamado la atención que algunas mujeres, sobre todo mayores, no tienen los mismos derechos que sus maridos para acceder a prestaciones como la seguridad social aunque lleven trabajando en el campo muchos años. Todo debido a que no han tenido una regulación igual en sus contratos por su trabajo” ha explicado Margarita Sánchez, responsable de la metodología del proyecto.
El estudio ha demostrado además que más de la mitad de las encuestadas tienen estudios universitarios y una formación completa, pero aún así la población en los entornos rurales sigue siendo escasa y no se dan facilidades para quienes se aventuren a hacer su vida allí: “Mucha gente se piensa que irse al pueblo es solo en el mes de agosto, pero lo más complicado es el invierno. Además dependemos del coche para todo y tanto las carreteras e infraestructuras como los servicios que se nos dan allí son casi nulos” ha contado a Agronews Ángeles Santos, ganadera que lleva su explotación con sus estudios cursados en Administración y Dirección de Empresas.
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Ella es joven y recalca que, aunque no es su caso, muchas veces el problema viene de la educación inculcada por la propia familia: “Te dicen vete de allí, la vida del campo es lo peor y se piensa que quedarse es malo. Criarte en el entorno urbano y volver al pueblo es complicado, pero a veces se valora muy poco desde el propio medio rural”.
El mismo caso le sucedió a Ana María Benito que dice con mucho orgullo que es labradora y dedica su vida a la agricultura: “Me han llegado a decir en la Seguridad Social que pusiese que mi trabajo era autónoma porque no quedaba bien lo de labradora, pero yo lo llevo con mucha dignidad. Hay que educar para la igualdad, sobre todo en los pueblos porque la PAC la cobran en su mayoría los hombres todavía. La gente de fuera se piensa que muchos nos quedamos en el campo por las ayudas cuando las políticas agrarias han sido nefastas”. Además, Ana María cree que los obstáculos que se encuentran están en el día a día, en tenerse que desplazar para ir a un centro de salud o que apenas existan guarderías o colegios en los pueblos, lo que hace que la gente opte por volver al entorno urbano.
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Ambas ven con cierta reticencia el futuro y piensan que aunque vuelva a “estar de moda” la vida en el campo para algunas personas será algo temporal que cubra sus necesidades económicas, que, de otra manera, no encontrarían en la ciudad. Aún así, piden a las administraciones que se impliquen más en allanar el terreno y apoyar el entorno rural porque de lo contrario, muchos pueblos podrán desaparecer: “Que la gente piense entonces qué va a poder comer si esto ocurre”. En definitiva, piden que se dejen de poner piedras en su camino.
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