
Escribo con el apresuramiento propio de las noches electorales, con el escrutinio aún lejos de concluir, pero con una certeza que el porcentaje pendiente no parece capaz de modificar: Madrid ha decidido sentarse a la derecha, no se si del padre, de la madre, o de dos madres, porque una mujer seguirá siendo presidenta y otra mujer será la encargada de guardarle las espaldas. Y sin ser bucanera.
El miércoles, cuando lean la prensa y estén ya saturados de tertulias audiovisuales y comentarios de los que Tezanos llamaría tabernarios, ustedes casi estarán convencidos de que la Comunidad ha consolidado al centro (les dirán unos) o ha votado a la ultraderecha (les dirán otros). Y ambos les mentirán, que parece que es una Obsesión, la de mentir o adornar la verdad.
Pues, ni una cosa, ni otra. De ultraderecha, nada. Esa se ha quedado entre mansiones serranas, escoltas sin titulación para ello y fiestas de cumpleaños. Y de centro, pues tampoco, se perdió con la UCD y su ejemplo lo siguieron el CDS, UPyD y, sí, Ciudadanos, cuyos votos tengo para mí que no han ido sólo al centrista PP. ¿Verdad que no?
Y esto me lleva a la segunda parte de esta, insisto, apresurada reflexión. ¿De dónde sale tanto voto para la, llamémosla por su nombre, derecha? Lo escribía hace cosa de quince días en este mismo espacio: no parece posible que el PP duplique, no el número de votos, pero sí el de escaños, y, al tiempo, Vox también crezca. Por mucho que Ciudadanos desaparezca y suba la participación, parecería que el voto habría de repartirse un poco más. Pues no. Madrid se sitúa a la derecha del padre, de la madre y, a lo que se ve, de toda la familia.
Vox ya ha confirmado, no es novedad tras lo dicho en campaña, que no será un obstáculo para la conformación del Gobierno autonómico y parece augurar una legislatura cómoda aunque en su derecho estará, y haría muy bien, en exigir contrapartidas, bien para sus cargas, bien (mejor) para sus votantes.
Y, ahora, llega el turno de analizar a quién han pateado las gónadas los madrileños. Amortizada ya Inés Arrimadas (los más crueles la llaman Arruinadas) e hipotecado hasta las cejas el delegado de las herriko tabernas ( que ese si es tabernario) , cabria pensar que el patadón se lo han dado a Pedro Sánchez en el inmenso (supongo) trasero de Ángel Gabilondo, al cual, si tartamudeamos al nombrarle, llamaríamos Gagabilondo. Pero, a nadie se le olvide, patada, lo que viene siendo una patada de las de toda la vida, la que se ha llevado Pablo Casado.
Sí, sí, ya sé que a nadie le amarga un dulce, y que salir al balcón de Génova no ha sido un mal trago, y que la victoria en Madrid le consolida como líder. ¿Seguro? Hoy, Isabel Díaz Ayuso es Cayetana Álvarez de Toledo con sonrisa. Es justicia poética. Es el AVE o el puente aéreo, ambas unidas por una causa común. Al final, vuelve a ser cosa de mujeres. Y ya son tres.
Isabel, Rocío, Cayetana… Tomamos nota.
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