La infraestructura

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Vaya por delante que la palabra infraestructura es así, siempre en singular, y que el conjunto de elementos y servicios para el funcionamiento de un organismo o para una actividad es eso, una infraestructura, no infraestructuras

Pero bueno,  singular o no, el caso es que ya tenemos, el primero en no sé cuánto tiempo, un mapa de infaestructura agraria de Castilla y León, que es algo así como la lista de la compra, resumida, de las necesidades de nuestro campo. El mapa, que no sé por qué lo llaman de tal suerte, presentado la pasada semana, en vísperas del nuevo, o no tan nuevo, Gobierno, contempla la actuación pública y privada sobre 19.000 terrenos y una suma de 160.000 hectáreas, más inversiones en otras 60.000 de regadíos.

La cifra de inversión anunciada por el presidente Herrera, 610 millones de euros, podría parecer mareante pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que estamos hablando de una especie de cuatrienio, de aquí a 2020, de modo que nos salen, milloncejo arriba, milloncejo abajo, unos 152,5 millones de euros por año o, por mejor decir, por ejercicio presupuestario, ahora que parece que no corre prisa aprobar las cuentas nacionales de 2017.

Ironías aparte, y sin entrar en detalles, el resumen del plan es la necesaria modernización de nuestra agricultura vía adaptación de regadíos, creación de nuevos y la eternamente discutida concentración parcelaria, objeto, desde que existe al agricultura, de intensos debates, siempre mucho más intenso que la propia concentración.

Es obvio pero, como señalaba el clásico, hay que decirlo, y se dijo en la jornada del pasado día28: la modernización del campo es una condición sine qua non para su rentabilidad; y, por seguir con las obviedades, tanto nuestra consejera, Milagros Marcos, como el presidente y los asistentes a la sesión, no cejaron en su empeño por recordarnos la distinta rentabilidad entre secano y regadío, las diferencias entre una explotación digamos que arcaica y una más moderna y aseadita (que cuesta lo suyo, ya lo sé); las mayores facilidades para la incorporación de jóvenes y mujeres a la vida agropecuaria, el menor índice de emisiones de CO2…

La teoría, nos la sabemos, aunque no es malo que nos la recuerden. Ahora, es cuestión de ponerse manos a la azada o a la tecnología puntera para conseguir unas explotaciones limpias, en las que se curre, claro que sí, pero con expectativas de un futuro mejor para los hombres, mujeres y jóvenes del medio rural.

Blog de Ángel Cuaresma

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