
[[{«fid»:»28068″,»view_mode»:»media_original»,»type»:»media»,»attributes»:{«height»:869,»width»:328,»style»:»width: 328px; height: 869px; border-width: 5px; border-style: solid; margin: 5px; float: left;»,»class»:»media-element file-media-original»}}]] En nueve de cada diez hogares españoles se consume queso y en la mayoría de ellos se hace a diario o varias veces por semana, pero España se encuentra muy por detrás de la media europea en consumo per cápita: 7.78 kilos de queso por persona y año frente a los 17.2kgs de media de la UE. Según los últimos datos publicados por el Magrama en el Informe del consumo de alimentación en España 2015, el queso es el segundo derivado lácteo más consumido en nuestro país, con 347 millones de kilos el pasado año, y representa el principal gasto en derivados lácteos de los hogares españoles. Para acercar de forma gráfica y sencilla la importancia del queso en el sector lácteo español y nuestra gastronomía, la Interprofesional Láctea InLac ha elaborado la infografía El queso en España donde recoge diversos contendidos sobre producción, valor nutricional, consumo o su papel en la cocina.
La infografía nos recuerda que en España existen más de 150 variedades de queso y 32 Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) e Indicación Geográfica Protegida (IGP), lo que nos convierte en uno de los países con mayor variedad de tipos de queso del mundo. A ello ha contribuido la diversidad orográfica y climatológica de España, factores que han condicionado el asentamiento y desarrollo de un gran número de razas de ganado de las tres especies: ovina, caprina y bovina.
Valor nutricional del queso
Con respecto a las cualidades nutricionales del queso, se explica que el queso es un alimento con un gran valor nutricional que contiene de forma concentrada la mayoría de los nutrientes de la leche. Aporta proteínas de alta calidad con un elevado contenido de aminoácidos esenciales, vitaminas A, B12, riboflavina y niacina, y minerales como el calcio, el fósforo y el magnesio. Es un alimento recomendable que debe incluirse en las etapas de crecimiento para contribuir a la formación de los huesos, y en la edad adulta para favorecer la conservación de la masa ósea.










